Preparación
Para preparar tortillas caseras suaves, se coloca la harina de trigo en un bol amplio y se mezcla con la sal y el polvo de hornear. Esta base seca ayuda a que la masa quede uniforme y las tortillas se inflen ligeramente en la sartén.
Se añade el aceite vegetal y se integra con la harina frotando con las manos o mezclando con una cuchara, hasta obtener una textura arenosa fina. Después se incorpora el agua tibia poco a poco, mezclando hasta que la masa empiece a unirse. Es importante no echar toda el agua de golpe, porque cada harina absorbe de manera distinta.
Cuando la masa ya se pueda manejar, se pasa a la mesa ligeramente enharinada y se amasa durante 6-8 minutos. Debe quedar lisa, flexible y apenas pegajosa. Si está demasiado seca, se añade una cucharada más de agua tibia; si se pega en exceso, se espolvorea un poco de harina, sin abusar para no endurecer las tortillas.
Se forma una bola, se cubre con un paño limpio o con film y se deja reposar 25-30 minutos. Este reposo es clave para que el gluten se relaje y las tortillas puedan estirarse finas sin encogerse.
La masa se divide en 12 porciones iguales. Cada porción se bolea y se mantiene cubierta mientras se trabaja, para que no se reseque. Con un rodillo, se estira cada bola sobre la mesa ligeramente enharinada hasta formar discos finos de unos 18-20 cm de diámetro.
Se calienta una sartén grande, seca y de fondo grueso a fuego medio-alto durante 3-4 minutos. No se añade aceite. Cuando esté bien caliente, se coloca una tortilla y se cocina durante 45-60 segundos, hasta que aparezcan pequeñas burbujas y manchas doradas. Se da la vuelta y se cocina otros 40-50 segundos. Si se tuesta demasiado rápido, se baja un poco el fuego; si queda pálida y rígida, la sartén necesita más temperatura.
A medida que se van haciendo, se apilan las tortillas en un plato y se cubren con un paño limpio. El vapor que queda atrapado entre ellas ayuda a mantenerlas tiernas y flexibles.
Se sirven tibias con rellenos salados, para tacos, quesadillas, burritos o simplemente como pan plano. Una vez frías, se pueden guardar en una bolsa bien cerrada durante 2 días a temperatura ambiente, 5 días en la nevera o congelar separadas con papel de horno. Para recuperarlas, basta calentarlas unos segundos por cada lado en una sartén caliente.















