Preparación
Se precalienta el horno a 200 °C. En una fuente apta para horno se colocan los tomates cherry lavados, enteros o algunos partidos por la mitad si son grandes. En el centro se pone el bloque de queso feta y alrededor se reparten los dientes de ajo ligeramente aplastados. Se riega todo con el aceite de oliva, se añade sal, pimienta negra y, si se desea un toque suave picante, unos copos de chile.
La fuente se hornea durante 25-30 minutos, hasta que los tomates estén muy tiernos, ligeramente tostados por arriba y hayan soltado sus jugos. El queso feta debe quedar blando y cremoso, con los bordes apenas dorados. Este paso es clave para conseguir una salsa sabrosa sin necesidad de nata ni otros espesantes.
Mientras se asan los tomates, se cuece la pasta en abundante agua con sal durante 9-11 minutos, o el tiempo indicado en el paquete, hasta que quede al dente. Antes de escurrirla, se reserva un poco del agua de cocción, porque ayuda a ligar la salsa y deja la pasta más jugosa.
Al sacar la fuente del horno, se retiran los tallos si los tomates se han horneado en rama. Se aplastan el feta, los tomates y el ajo con un tenedor hasta formar una salsa cremosa de color anaranjado. Si está demasiado espesa, se incorpora poco a poco el agua de cocción reservada.
Se añade la pasta caliente a la fuente y se mezcla bien para que cada pieza quede cubierta con la salsa de feta y tomates cherry asados. Se incorpora parte de la albahaca fresca troceada con las manos y se prueba de sal.
La pasta con feta al horno se sirve enseguida, con más albahaca fresca por encima y un hilo fino de aceite de oliva si se quiere realzar el aroma. Si sobra, se conserva en un recipiente cerrado en la nevera hasta 2 días; al recalentarla conviene añadir una cucharada de agua para recuperar la textura cremosa.
Si te apetecen más recetas de pasta con sabor mediterráneo, prueba la fresca pasta al estilo griego y la tradicional pasta alla Norma para completar tu menú.















