Preparación
El azúcar para el caramelo se coloca en una pequeña cacerola o sartén metálica y se calienta a fuego moderado. Se deja que se derrita lentamente sin remover demasiado hasta obtener un color dorado oscuro. Es importante que el caramelo no se queme, ya que podría volverse amargo.
El caramelo caliente se reparte cuidadosamente en el fondo de los moldes o recipientes para flan, girándolos ligeramente para cubrir el fondo de manera uniforme.
En un bol grande se baten los huevos con el azúcar. Se mezcla suavemente hasta que el azúcar comience a disolverse y la mezcla se vuelva homogénea.
A continuación se añade poco a poco la leche mientras se continúa mezclando suavemente. Finalmente se incorpora la vainilla, que aporta el aroma característico del postre.
La mezcla de leche y huevos se puede colar a través de un colador fino para conseguir una textura más suave y delicada. Después se vierte cuidadosamente en los moldes sobre el caramelo ya endurecido.
Los moldes se colocan dentro de una bandeja profunda para horno. En la bandeja se añade agua caliente hasta alcanzar aproximadamente la mitad de la altura de los moldes. Este método se conoce como baño maría y permite que el flan se cocine de manera suave y uniforme.
El horno se precalienta a unos 160-170°C. La bandeja con los moldes se introduce cuidadosamente en el horno y el flan se hornea durante aproximadamente 45-60 minutos hasta que la mezcla esté firme pero aún ligeramente cremosa.
Una vez horneado, el flan se deja enfriar a temperatura ambiente. Luego se coloca en el refrigerador durante varias horas para que se enfríe completamente y adquiera su textura característica.
Antes de servir se pasa un cuchillo por el borde de cada molde y se desmolda el postre sobre un plato. El caramelo líquido se derrama por encima y aporta el sabor característico del clásico flan de caramelo.
Si te gusta el flan de caramelo, no dejes de probar también esta exquisita crème brûlée, así como el popular últimamente flan brasileño.















